17 de mayo de 2018

Quiéreme despeinada



Las mujeres hemos cambiado, ya no somos las de antes, somos más independientes, nos sentimos libres, no nos rendimos con facilidad y plantamos cara ante todo aquello que no nos gusta. Nos hemos convertido en más "sinvergüenzas", afrontando nuevos retos en busca de la tan ansiada igualdad. E igual que hemos cambiado en todos estos aspectos, hemos cambiado también en la manera de ver, vivir, sentir y entender el amor.

No quiero un amor, ni a alguien que me diga qué debo o no hacer. Sólo quiero a un compañero de vida, de aventuras y desventuras, que me comprenda, que me acepte tal y como soy y que nunca intente retenerme ni ponerme límites, ni cortar mis ilusiones. Quiero a mi lado a alguien que valga verdaderamente la pena, comprensivo, también independiente y crítico, pero con el objetivo de construir y no de destruir.

Porque yo me quiero tal y como soy y quiero a alguien que me quiera tal cuál. Sin más. Te prometo que si es así, yo te querré con cariño, respeto. Te comprenderé, te acompañaré y tampoco nunca te pondré límites ni cortaré tus alas, eso sí, intentaré curarlas cuando haga falta para ayudarte a emprender nuevamente el vuelo siempre que lo necesites. Porque si tú estás, yo estoy. Porque entonces, y sólo así, compartiremos, lucharemos y aprenderemos juntos.




Mereces un amor que te quiera despeinada,
incluso con las razones que te levantan de prisa
y con todo y los demonios que no te dejan dormir.

Mereces un amor que te haga sentir segura,
que pueda comerse al mundo si camina de tu mano,
que sienta que tus abrazos van perfectos con su piel.

Mereces un amor que quiera bailar contigo,
que visite el paraíso cada vez que ve tus ojos
y que no se aburra nunca de leer tus expresiones.

Mereces un amor que te escuche cuando cantas,
que te apoye en tus ridículos,
que respete que eres libre,
que te acompañe en tu vuelo,
que no le asuste caer.

Mereces un amor que se lleve las mentiras,
que te traiga la ilusión,
el café
y la poesía.

                                             Frida Kahlo

19 de abril de 2018

La felicidad reside en el chocolate

Ese momento en el que decides pasar de todo, apartar tus responsabilidades durante un rato y sentirte libre por la ciudad comprándote uno de esos enormes, deliciosos y únicos donuts de chocolate de la histórica pastelería  Reverter.

- ¿Me lo puedes partir por la mitad, por favor? Así me como ahora un trozo y mañana el otro.

Inocente de ti Gaia, al final acabaron ambos trozos en tu panza en menos que canta un gallo. Pero comer un donut gigante de chocolate andando despistada por las calles puede traer consigo considerables consecuencias, como....llegar a casa y darte cuenta que anduviste varias horas por la capital con los morros y parte  de los mofletes llenos de chocolate...de bastante chocolate.

Ese breve instante que separa la sorpresa al descubrir tu cara llena de chocolate frente al espejo y la carcajada no tiene precio.

No, no deis más vueltas de las necesarias. La felicidad no está tan escondida ni requiere de descifrar magistrales fórmulas matemáticas, la felicidad se encuentra en esa cara de chocolate.

3 de abril de 2018

El amor siempre suma



No se trata de decidir qué persona podría rellenar tus huecos sinó en encontrar a aquella persona con la que te apetecería compartir tu vida (o una etapa de ella). Se trata de encontrar (o tropezarse o esperar o lo que demonios queráis) a aquella persona con la que notas mucha afinidad, muchas cosas en común y... ¡qué leches! a esa persona que te haga tambalear hasta los cimientos de tu propia existencia sin necesidad de atarte a ella, porque el amor no es prisión, el amor no es tener que renunciar, el amor es compartir en libertad, esa misma libertad que es la que te hará vivirlo realmente en toda su esencia, en toda su magnitud. 

Hay una frase que estoy harta de ver como la gente la comparte y que dice "si amas a alguien, déjalo ir, si regresa es tuyo, y sinó nunca lo fue". Yo la cambiaría por "si amas a alguien, déjalo ser" (¡y punto!), porque nadie es propiedad de nadie. La posesión mata el amor, la posesión lleva a sentirte superior a tu pareja, a querer dominarla y a querer obligarle a ser y a hacer lo que a ti te gustaría, y no lo que el otro querría. Y entonces eso no es amor. Porque eso implica que en la pareja uno de los dos es superior al otro. En el amor, todos somos iguales, y si lo que pretendes es cambiarle, señal que ese amor no fue verdadero, porque el amor verdadero le acepta tal y como es, y siendo ambos tal y como soys, os amáis, os admiráis, os respetais y decidís libremente compartir vuestra vida, o parte de ella, de la forma que más os apetezca, sin estereotipos. Tú no eres quien decide cómo tiene que ser alguien, pues es cada cuál quién debe hacer esa elección, y si no te gusta como es... aire, que vol dir vent.

En el amor 1+1 no es 1, en el amor 1+1 es 2, y siempre será 2, tú y la otra persona, cada una completa por ella misma. El amor siempre suma, nunca resta, ni a ti ni al otro.

Nunca creí en eso de la media naranja, porque no existen medias personas, todos somo una entera, de los pies a la cabeza. Así que no andemos buscando a medias personas, y ojo, si la encuentras, mal vas tú y el otro, pues lo que compartiréis no será amor sinó necesidades. Sé tú, vive tú tu propia vida, y si quieres, compártela con otra persona, pero nunca busques en los demás la solución a tus carencias, esa solución la tienes que encontrar tu mismo.

Hay muchas maneras de vivir el amor, de sentirlo, de cantarlo, de escribirlo, de vivirlo... pero sólo tengo una manera de entenderlo. 

El amor no es como te lo cuentan, sinó cómo tú lo vivas. Y tu felicidad no depende de los demás, sinó de ti mismo. Así que decide qué es lo que a ti te hace feliz, y si te apetece, compártelo.

Mucho amor verdecill@s.




24 de marzo de 2018

Ante la adversidad, unidos



Que los girasoles buscan la luz del Sol seguro que ya lo sabías, pero, ¿sabías que en días nublados se miran a los ojos los unos a los otros buscando la energía del otro? No se quedan marchitos ni agachan la cabeza, sinó que se quedan unidos, alzados y bellos mirándose. 

La naturaleza nos habla y nos enseña. No importa sino sale cada día el Sol, si nos tenemos los unos a los otros.

21 de marzo de 2018

A la distancia de una mano








Echaré de menos acurrucarte entre mis brazos,
y balancearte de un lado a otro.

Echaré de menos lanzarte entre risas al aire,
mientras tus carcajadas me enseñan esos dientecitos tan preciosos.

Encontraré a faltar apretujarte entre mis brazos cuando te despiertas,
recogerte del suelo tras una caída
o subirme contigo en aquel tobogán que tanto te gusta.

Estaremos a la distancia de una mano,
pero seguiré a tu lado en todo momento,
para besarte, hablarte o compartir unos pasos contigo.

Porque una simple mano nunca podrá separar dos corazones ni dos miradas.

Esta vez será poco tiempo cariño mío,
y sólo te pido nuevamente…paciencia…
porque cuando esto acabe te daré el abrazo más grande del mundo.



6 de marzo de 2018

Tu jardín eterno



Tres recuerdos me dejas grabados a fuego en mi alma.

El primero, tu jardín. Siempre repleto de flores, y tus gritos cuando recibían alguno de nuestros pelotazos. Cómo querías a esas flores, ¡cuánto! y cómo odiaba yo esos pinchazos de los rosales. Una a una, mientras me regañabas, me ibas quitando las espinas de esos nombrosos rosales de tu jardín. Es lo que tenía jugar en tu jardín, el juego solía acabar de tres maneras, con tus gritos al destrozar tus plantas, con la pelota rebentada por los rosales o yo encima de alguno de ellos al ir a recogerla. Pero ¡qué infancia más feliz! y cómo me gustaba ayudarte en verano a regar esas flores con la manguera. La reina de todas, la gran azalea.

El viejo armario de detrás de la puerta de la cocina, dónde siempre guardabas esas galletas y esos retales de papel que usaba con mi hermano y mis primas para dibujar por la tarde. Ayer, mientras tu cuerpo todavía permanecía immóbil y ya sin aliento en tu cama, me quedé un buen rato mirándolo. Cómo es posible que un viejo armario sea capaz de despertar tantos recuerdos y tantas sensaciones.

Y siempre recordaré esos "Gaia, ¿nos hacemos un chocolate?". Cómo disfrutábamos remojando aquellas galletas en aquel chocolate espeso y con grumos que siempre te salía. Pero ¡qué rico estaba siempre! Adoras, bueno, adorabas, el chocolate. Sin lugar a dudas, me transmitiste esa pasión por una buena taza.

Todavía me cuesta hablarte en pasado mientras ahora, ya en casa, observo sentada en el césped, la única herencia tuya que he reclamado y que ahora se encuentra plantada en mi jardín. La cuidaré y regaré, y seguro que recibirá más de un pelotazo, esta vez de mis hijos.

Tus alas hacía ya tiempo que estaban preparadas para volar, y mi corazón hacía ya tiempo que se preparaba para la despedida, una despedida que hoy, acompañándote ya en tu lecho de muerte, y recordando tantas y tantas cosas, ya no me parece tan amarga, porque sembraste, regaste y cuidaste tu jardín y de él brotaron grandes cosas, y con ellas me quedo. Te despido con tristeza, pero a la vez con muy buenos pensamientos y en calma. Hace ya tiempo que querías partir, pero tu cuerpo se resistía, pero al fin has podido volar y descansar.

Sabes que nunca he sido de palabras cariñosas, ni tú tampoco, porque siempre hemos creído que el amor no se mide por tequieros sinó por las miradas, los actos y las sensaciones. 

Estarás siempre en cada flor de mi jardín. Te quiere, tu nieta, la de las piernas marcadas por los rosales, la que adora el chocolate a la taza.


Puedes llorar porque se ha ido,
o puedes sonreír porque ha vivido.
Puedes cerrar los ojos
y rezar para que vuelva,
o puedes abrirlos y ver todo lo que ha dejado;
tu corazón puede estar vacío
porque no lo puedes ver,
o puede estar lleno del amor
que compartiste.
Puedes llorar, cerrar tu mente, sentir el vacío y dar la espalda,
o puedes hacer lo que a ella le gustaría:
Sonreír, abrir los ojos, amar y seguir.

(Poema tradicional escocés)


1 de marzo de 2018

Sueños

A veces me despierto de madrugada con tu nombre invadiendo mi cabeza, desconcertada, desorientada, como si acabaras de estar a mi lado. Haces que mi corazón lata tan rápido que mi pecho se queda pequeño.

A menudo me recorre este sueño tan extraño, lo siento como si fuera real, pero el amor a veces transforma lo que vemos, hasta tal punto en que nos cuesta distinguir entre lo que es y lo que querríamos. 

¿Qué es más sueño, el que viene de imprevisto cuando cierras los ojos o el que tienes con los ojos abiertos? ¿Con cuál me quedo? ¿A cuál hago caso? Difícil elección esta de los sueños...

Es que si la vida es sueño, tú eres mi vida, y yo quiero seguir soñando contigo .