14 de julio de 2017

La fuerza de los años

Parece curioso ver como lo que antes me acojonaba, ahora me cabrea.

Cuando éramos jóvenes,  cualquier obstáculo, por pequeño incluso que fuese, nos acojonaba, la pendiente se nos hacía demasiado cuesta arriba, aún poseyendo la juventud y su fuerza. Será por eso que siempre necesitábamos vivir en manada, al lado de otros que nos ayudasen a llevar la carga, a reafirmar cada una de nuestras decisiones, o incluso que las tomaran por nosotros. Divina juventud, tan valientes por fuera y tan vulnerables por dentro. 

Esos mismos obstáculos, cuando años después, con algo más de arrugas y con las experiencias y vivencias de muchas suelas gastadas, la vida te los vuelve a colocar delante, te saben a poco, sólo te hacen cosquillas.

La vida me ha vestido con armadura y espada, cada vez más gruesa, cada vez más fuerte, no para hacer daño, sinó para parar los golpes y ganar las batallas que otros se empeñan en ponerme sobre el tablero, con la sabiduría de los años y el amor que proceso ante todo aquello que estimo.

Hay dos tipos de personas, las que nacen y mueren acojonadas y las que acaban luchando contra viento y marea.

Lo que antes podía acojonarme, ahora me cabrea, y no doy un paso atrás si no es para dar después dos hacia delante.

Cabréate, eso te ayudará a superarlo y a superarte.

2 de julio de 2017

Quiero recorrer el Cielo, ¿me acompañas?





He tenido que recorrer sinuosos y abruptos senderos,
he aprendido y desaprendido multitud de conocimientos,
he querido, he amado y he odiado,
he vivido y revivido las peores de las pesadillas,
he saltado miles de obstáculos,
he abierto y cerrado muchas puertas,
me he equivocado más de lo que querría y he acertado menos de lo que me huviese gustado,
he llorado por alegrías y por tristezas,
he gastado decenas de suelas de zapatos,
mil veces me he creído vencida y otras mil he vencido,
y esta es mi victoria mil-uno,
estar hoy junto a ti, en este cruce de caminos,
en la cima de nuestras vidas, ahora sí, preparados para emprender nuestro camino juntos,
un camino que preveo también sinuoso, abrupto, con alegrías y tristezas,
pero un mágico camino que dibujaremos con cada paso, 
al fin y al cabo, nuestro camino.

Ambos llevamos una cargada mochila, 
donde sólo hemos metido lo importante de nuestras vidas, 
a nuestros seres queridos 
y aquellas lecciones que verdaderamente nos ayudarán en esta nueva aventura.

Hoy es el día, este es el momento, el instante en que tenía que ocurrir. 

Hoy llevo calzado nuevo.

Empieza el deshielo, 
ya he vivido lo suficiente en la Tierra y ahora me apetece recorrer el Cielo, 
¿vamos?