9 de abril de 2026

No es cosa de chavales

 


Hoy no voy a escribir cosas "bonitas", voy a contar cosas "incómodas".

Hay noticias que no deberían existir. Golpes en grupo a un chico indefenso, por un móvil, por dinero, por aburrimiento o, lo más insoportable, por el color de un jersey o porque es "diferente". Y cada vez que leo algo así, no pienso solo en el chico agredido: pienso en mi hijo, en los tuyos, en los de todos. Porque cualquiera podría ser ese adolescente al que un grupo decide convertir en blanco de su violencia sin sentido.

Algo estamos haciendo mal como sociedad cuando un puñado de chavales confunde la fuerza con la humillación, la diversión con el daño, la identidad con la crueldad. Y encima, lo gravan, se burlan y lo comparten. No nacen así. Esto crece en un caldo de cultivo que conocemos demasiado bien: la falta de límites claros, la ausencia de referentes adultos que sostengan y corrijan, la presión de grupo que premia la brutalidad, la desconexión emocional, la incapacidad de ponerse en la piel del otro. Y también, por qué no decirlo, una cultura que a veces trivializa la violencia y la convierte en espectáculo.

Pero detrás de cada agresión hay un chico que sufre. Un chico que no entiende por qué él. Que se queda con el miedo pegado al cuerpo, con la vergüenza, con la sensación de que el mundo puede volverse contra él sin motivo. Ese dolor no se borra con un “ya pasó”. Ese dolor marca.

Por eso no podemos normalizarlo. No podemos mirar hacia otro lado. No podemos aceptar que “son cosas de chavales”. No lo son. Son actos que destruyen, que rompen vidas, que dejan cicatrices invisibles. Y nuestra responsabilidad, como madres, padres, docentes, ciudadanos, es poner un límite firme, inequívoco, innegociable.

Educar en empatía. Acompañar. Estar presentes. Exigir responsabilidad. Y sobre todo, no tolerar jamás que la violencia se disfrace de juego, de valentía o de identidad.

Porque cada vez que callamos, cada vez que minimizamos, cada vez que justificamos, estamos dejando solos a los chicos que más nos necesitan: los que sufren… y también los que están a un paso de convertirse en agresores.


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