30 de diciembre de 2018

I wish you...




Ojalá podáis ver algún día reflejados, en la luz del atardecer, todos esos deseos que siempre habéis soñado.

Mis mejores deseos para este nuevo año que empieza a despuntar.





24 de diciembre de 2018

Recordando soñar


Nos guste o no, cada 24 de diciembre regresa tozudamente decidido a volvernos a recordar que hay algo que no deberíamos nunca haber perdido. Por qué si no somos capaces de imaginar nuestros sueños, ¿cómo los podremos conseguir? Así que dejemos que nuestros príncipitos y principitas jueguen, fantaseen y no pierdan la ilusión. Que nunca dejen de hacer algo que nosotros nunca deberíamos haber olvidado: CREER Y SOÑAR.


19 de diciembre de 2018

Llueve y prefiero mojarme


Aunque bajes la cabeza cuando llueva te mojarás igualmente

Hay demasiadas causas por las que luchar estos días como para bajar la cabeza. Todos somos culpables y responsables de lo que pasa, ya sea por acto como por omisión. Todo es más fácil viéndolo des del sofá, pero si no nos mojamos nunca todo esto cambiará. Así que cálzate cómodo y sal ahí fuera, hay miles de causas por las que luchar. Y sinó, después no te quejes. Sigue autoengañándote, sigue ahí, sentadito esperando a que los demás muevan el culo por ti. Sigue viviendo en tu mundo, donde los medios opinan por ti, donde los demás hacen por ti y dónde en vez de luchar por lo que querrías te quedas cruzando los dedos. Pero recuerda que hoy vienen a por mí, pero que mañana puede que llamen a tu puerta y también te saquen a patadas de ese cómodo sofá. Y cuando llegue ese momento, te darás cuenta de por qué los del calzado cómodo hace días que salimos ahí fuera.

Prefiero volcar mi esperanza en la lucha que volcarla en la suerte. 

Por tí, por mi, por el futuro.

Feliz y movidito fin de semana verdecill@s. Nos vemos en las barricadas.




13 de diciembre de 2018

Tóxicos



Hay personas que no lo saben, pero lo son. Y están por todas partes. Son de esas personas que escupen mierda por su boca como aquel que se tira un eructo después del biberón, y se quedan tan anchos.

Personas que opinan de todos y de todo sin conocer, sin antes ni tan siquiera haberse mínimamente interesado. Que sólo tienen palabras negativas para todo el mundo. Que si haces mala cara, que si te veo más gorda, que si cómo has envejecido, que si qué desastre eres… Y siempre son los lumbreras, los del “lo que tienes que hacer es…” o los del “ya te lo decía yo…”. Los que además si algún día les replicas te soltarán aquello de “uy, sí que tienes la piel fina”. Son aquellos que nunca te preguntarán “qué tal?” y menos aún se interesarán por ti, porque ellos siempre están peor o sus “tragedias” son siempre más graves. 

Aquellos que te clavan el cuchillo sin ni siquiera darse cuenta que te han herido, y se marchan tan panchos para casa. 

Siempre te harán dudar de lo que haces, porque, claro, ellos siempre harían las cosas mejor que tú. Y si alguna vez haces algo mejor que ellos nunca lo reconocerán, aunque les duela. 

A veces los tienes viviendo bajo tú mismo techo y te dejarán perlas como “me sorprendes, con lo listo que pareces y esto no lo entiendes” o “nadie te querrá como yo” o “sabes que yo siempre deseo lo mejor para ti”, mientras su complejo de superioridad te hará dudar cada día más de ti mismo, te confundirá y te hará bajar, día tras día, un poquito más al fondo si no te das cuenta a tiempo.

Son ellos, los tóxicos, personas que se sienten a gusto siendo como son, y haciendo lo que hacen, viviendo como piconadoras, soltando veneno por su boca diariamente, con toda esa tranquilidad. Personas que nunca realizarán una autocrítica, que nunca irán con cuidado a la hora de decir las cosas ni con el tono en que las dicen. Sus palabras son siempre flechas envenenadas y su empatía es cero.
A mi buscadme alrededor de gente que te pregunta cómo estás, y que encima, se quedan a escucharte, no de aquellas que se quedan sólo en la superficialidad y la mirada por encima del hombro, y que además nunca escucharán ni aceptarán puntos de vista distintos.

Nunca es tarde para hacer limpieza en tu vida.



4 de diciembre de 2018

Un mar de pensamientos



Y te sientas.

Después de recorrer las rocas, te sientas, colgando tus pies en el abismo de los pensamientos. Con la mirada fija en ese inalcanzable horizonte, a veces eufórica e ilusionada de nadar hacia él, a veces cansada de hacerlo. Porque por mucho que nades, él sigue ahí, inmóvil y lejano. ¡Puñetero!

Millones de partículas diminutas de esa brisa marina impregnan y refrescan tus pulmones, tus bronquios. Reconforta, y mucho.

Sin embargo esa maldita roca donde aposentas el culo podría ser algo más cómoda. Pero desde que naciste sabes que las rocas no salen con cojines, igual que la vida no es un camino de rosas.

Qué bien estás aquí, a solas, y al mismo tiempo con todo. Absorta en miles de pensamientos y a la vez con ninguno.

Hasta que descubres que no es cuestión de nadar, sino de volar, y abres las alas, esperando a la próxima gaviota para emprender el vuelo. Y a la próxima, y a la próxima. Pero sigues ahí sentada.  Absorta. Pensando en él.