29 de enero de 2017

Gaia abre de nuevo sus puertas



Soy la misma, pero con diferentes matices

Hace tres años y medio me despedía de todos vosotros con un "hasta siempre". Dejé descansar Gaia para implicarme en cuerpo y alma en un gran proyecto, merecedor de una gran dedicación y fruto de dos grandes recompensas: mis dos hijos.

Durante todo este tiempo he dejado un poco aparcado mi Yo para dedicarme y disfrutar de los dos mejores regalos que me puede regalar la vida. Mirando ahora hacia atrás, no me arrepiento, sinó todo lo contrario, me siento llena y feliz de poder haber disfrutado al máximo de mis hijos y de haber compartido tantos y tantos momentos con ellos, sus primeros movimientos en mi vientre, sus primeros logros, sus ilusiones, sus decepciones..., momentos que espero poder continuar dedicándoles durante muchos y muchos años, en cuerpo y alma.

Si de algo me siento satisfecha en mi vida es de haber hecho y conseguido lo que me he propuesto en el momento en el que he querido. Algunos lo llamarán fortuna, yo le llamo perseverancia y tozunería en conseguir lo que me propongo. Y siguiendo en esta línea yo he sido madre cuando he querido y porque he querido, por lo que considero que lo he sido en el momento preciso y adecuado de mi vida. Ser madre es duro, y mucho, es entrega, sacrificio, falta de tiempo para una misma, pero al mismo tiempo es otra gran lección que te ofrece la vida en la que conoces el verdadero amor incondicional y aprendes cosas maravillosas, y cosas que no lo son tanto. 

Pero las dificultades más que atemorizarme me trempan (como se dice en mi tierra, en otros lugares lo llamariais "me pone") y me mejoran. Por lo que a día de hoy, me considero la misma mujer de hace unos años, a lo mejor con un chasis un poco más deteriorado, pero con un motor más potente. Una mujer todavía más curtida, con más experiencia y más dureza para acabar de afrontar lo que me quede de vida, a mi manera, como siempre he hecho y querido. Una mujer que todavía tiene más claro lo que no quiere, aunque sigue sin tener claro que es todo lo que quiere porque para saberlo tendría que conocerlo Todo, y el Todo es infinito. Por eso siempre he considerado que necesito experimentar, vivir, probar, y no negarme a nuevas experiencias de buenas a primeras si no quiero arrepentirme de no haber descubierto cosas y personas que me podrían haber aportado mucho en mi vida. Porque el vivir trata de eso, de experimentar emociones, sentimientos, vivencias, algunas buenas y otras malas, de las buenas se disfruta y de las malas se aprende. Siempre en positivo, porque todo, todo, por muy trágico que sea, siempre tiene su lado positivo, yo al menos siempre lo encuentro, aunque sea un positivismo irónico.

Y ahora he decidido que ha llegado el momento de volver a pasar página, sin perder de vista las de atrás, pero con la pluma de la vida preparada para escribir nuevos proyectos. Ha llegado de nuevo el momento de volver a experimentar, a probar. Y uno de estos proyectos es volver a encontrarme conmigo misma, volver a pensar más en mí, volver a dedicar más tiempo a todas esas cosas que antes ya me gustaban y a esas otras que todavía me quedan por conocer. Es lo que tiene ser una mujer inquieta e inconformista, que no le gusta parar quieta. Algunos lo veréis como una dificultat para ser feliz, en cambio yo lo considero el aceite de mi motor con el que cada día espero llegar más lejos.

Mi objetivo no es decorar el alma, como diría un buen amigo, sinó en volver a mimarla y a escucharla. La decoración siempre la he considerado algo superficial, y yo prefiero alimentar el interior que vestirme de lindos vestidos.

Así que con esta motivación, abro nuevamente las puertas a Gaia, un portal donde dejar nuevamente salir mi Yo más íntimo y personal. 

Bienvenidos de nuevo queridos lectores,

Gaia.


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